Publicado el viernes 02 de octubre del 2009
Por Luis Ángel Galván
ESPECIAL LA ESTRELLA DIGITAL
DALLAS — Toda vez que el consulado mexicano en Dallas anunciara de manera oficial el 6 de octubre como último día de trabajo de Enrique Hubbard Urrea, actual cónsul general de México en Dallas, la mudanza personal del embajador ha iniciado ya.
Los preparativos para la entrega de su cargo y finiquitar asuntos personales, dijo Hubbard Urrea, le abruman pero agregó que es importante dejar un mensaje en este espacio para la comunidad mexicana del Norte de Texas, el cual consideró como una despedida.
"Todo plazo tiene un final y el término de mi adscripción como Cónsul General de México en Dallas no es la excepción. Después del usual periodo de tres años al frente de esta oficina consular ha llegado el momento de emprender el camino rumbo a nuevas responsabilidades. Los funcionarios de carrera del servicio exterior estamos conscientes de que toda comisión es por naturaleza temporal, de suerte que nos preparamos mentalmente para el inevitable final, lo cual no significa que sea fácil.
“La comunidad mexicana del norte de Texas y particularmente la del llamado Metroplex, es una de las más importantes diásporas mexicanas de la unión americana y por ello encabezar esta Representación es a su vez una de las más grandes distinciones que pueden recaer en un profesional del servicio exterior. Para el de la voz ha sido esta una experiencia rica en vivencias, cuyos logros o fracasos fueron siempre compartidos con mis apreciados paisanos.
“Tal vez ha quedado de manifiesto que tengo genuino afecto por mi gente, sin diferencias de origen, ocupación, género o afiliación política; ello no es accidental, es producto de una convicción firme y permanente.
“Mi tiempo ha sido dedicado principalmente a atender a los nuestros, a quienes siempre agradeceré la confianza en mí depositada. Mi mano extendida en señal de amistad nunca quedó sin respuesta. Dejo especial reconocimiento a los amigos de la prensa, sin cuyo apoyo no hubiera sido posible hacer llegar a las mayorías el mensaje informativo y de permanente contacto con la comunidad al que tanto énfasis imprimí. Nadie es indispensable, mi trabajo es apenas un paso en el constante esfuerzo por perfeccionar el servicio que prestamos. Sin duda se alcanzó un gran logro al culminar el largo y complejo proceso que nos trajo una nueva sede, sueño acariciado por todos desde hace más de una década.
“Nada menos se merece este conglomerado de compatriotas; el éxito de la empresa no es más que el reconocimiento a su manifiesta importancia. Prueba de ello es el hecho de que el primer mandatario de la nación haya distinguido a Dallas con una visita que nos colocó en un lugar preponderante del mapa político de este México trasplantado allende la frontera.
“Mi carrera está próxima al ocaso, pasaré a retiro el próximo año, pero aunque culmine este verdadero apostolado de servicio al que he dedicado más de treinta años de mi vida, no se borrarán jamás de mi mente los rostros de tantos mexicanos que con su modesto esfuerzo y valentía representan dignamente a la nación. Parafraseando la letra del himno nacional, el destino dio a la patria un embajador en cada hijo emigrado. Mi respeto y aprecio para todos y cada uno de ustedes”.
Enrique Hubbard Urrea firma su mensaje y agregó que por una inveterada tradición a los embajadores se les concentra primero en la Cancillería a fin de recibir allí las instrucciones del caso, subrayando que él “quisiera poder decir más respecto de mi inmediato destino, es decir, de mi nueva adscripción”.
Monday, October 12, 2009
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