Monday, December 10, 2007

Oran por un nuevo templo

Publicado el viernes 07 de deciembre del 2007


Por Luis Ángel Galván
Especial La Estrella



IRVING — Sentado en el interior de un tráiler que exhibe un letrero externo donde se lee “Iglesia Santa María de Guadalupe”, el pastor salvadoreño Pedro Portillo observa los planos del lote localizado en el 2601 S. de McArthur Blvd., donde, si consigue que le aprueben un préstamo, espera construir su propio templo.

Portillo fue sacerdote católico por ocho años en su país natal El Salvador y, tras retirarse para casarse, se hizo pastor de la Iglesia Luterana.

Este religioso dice que se quedó sin local para oficiar misa a sus cerca de 700 feligreses por la inconformidad de sus arrendatarios de la iglesia El Buen Pastor, porque él defendió a los indocumentados de Irving del Criminal Alien Program (CAP).

Durante siete años la Iglesia Santa María de Guadalupe tuvo un local arrendado en el edificio de la Iglesia El Buen Pastor en 2620 W.Grauwyler Rd.

La Estrella habló con el obispo Kevin Kenouse, cabeza de la Iglesia Luterana en Dallas, quien aseguró que respeta y admira el trabajo de Portillo por ayudar a los inmigrantes en su deseo de tener una mejor vida, pero confirmó que su activo involucramiento con el tema migratorio, causó la inconformidad.

“Con toda la publicidad del tema migratorio él (Portillo) se volvió muy ‘verbal’ al respecto. Algunos miembros de la congregación local no se sintieron cómodos con esa postura tan ‘verbal’; sin embargo, la congregación votó el fin de semana cuando el pastor (Portillo) decidió irse y aprobó extenderle el contrato de arriendo 1 año más”, explicó Kenouse.

“Pero Portillo ya estaba frustrado por la inconformidad de esos miembros y decidió irse”, agregó.

Portillo confirmó que “debido a la decisión de un pequeño grupo de personas conservadoras y religiosas con pensamientos racistas, tuvimos que abandonar el lugar; la congregación nunca fue consultada sino hasta el final, pero ya era tarde, por dignidad y respeto a nosotros mismos decidimos no regresar”.

El obispo Kenouse dejó claro que “la iglesia tiene su ley” y que “la congregación habló claro” en cuanto a la inconformidad que sentían algunos de ellos con la actuación de Portillo.
En las últimas semanas Portillo ha estado oficiando misa en la zona verde que rodea al tráiler, pero dice que ya está entrenado para afrontar duras pruebas, pues relata que fue torturado y amenazado de muerte en El Salvador, durante los años ochenta y cuando era amigo personal del asesinado arzobispo Óscar Romero.

“La iglesia debe de ayudar a quien lo solicite sin importar su estatus migratorio ni origen”, comentó.

También dijo que ha recibido constantes amenazas por teléfono y correo electrónico “invitándolo” a que sea el conducto para que la comunidad inmigrante recapacite y regrese a sus países.

Entre líderes religiosos involucrados con la defensa de los inmigrantes, no hay consenso sobre el caso de Portillo.

El sacerdote católico Esteban Jasso de la Iglesia de Todos Los Santos en Fort Worth, señaló que un sacerdote está bajo la subordinación de un obispo y hay que seguir las reglas, además de que “el púlpito no debe de ser usado más que para predicar la religión, pues de lo contrario se convertirá en un problema”.

Jasso que hace parte de iniciativas como el grupo Latinos Unidos que en el condado Tarrant pugna por el desarrollo del liderazgo político hispano, agregó que “los inmigrantes son una bendición para las iglesias, son un regalo divino, cuidémoslas, las iglesias han crecido porque los hispanos asisten a ellas, todo lo que está ocurriendo en estos momentos en contra de la comunidad inmigrante no es sino una movida política para las próximas elecciones, nuestro trabajo como sacerdotes es ayudar a los desamparados y orar para que los responsables de tomar una decisión lo hagan de una manera correcta y que ésta sea la mejor”.

Lynn Godsey presidente de la Alianza Hispana Evangélica de Dallas-Fort Worth, (AHEM) que participó en diversas actividades en pro de la reforma migratoria, consideró que “tenemos el derecho constitucional de expresarnos, mientras no violemos las mismas leyes, la iglesia es un santuario y la gente recurre a protegerse, no podemos negarnos a brindarles protección”.






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